La proliferación de casas de apuestas en barrios obreros y de trabajadores ha supuesto una catástrofe para miles de familias. Hay quien las ha comparado incluso con la heroína que, por decisiones interesadas desde muy arriba, asoló destrozando a no pocos jóvenes en los años ochenta. La organización de los sectores más concienciados en nuestros barrios, con movilizaciones y luchas contra esta plaga, se tradujo en la necesidad de cerrar estos espacios comerciales que tienen en poderosas empresas a sus propietarios. Sin ir más lejos, hace apenas una horas, en Iruñea, 2.000 personas han pedido en la calle el cierre inmediato de estos locales.

Llegado el nuevo gobierno PSOE/UP y el nombramiento como ministro de Consumo al líder de IU, Alberto Garzón, parecía que el asunto iba a quedar resuelto, pero… todo indica que el tan cacareado «Sí se puede» no lo es tal. La economía de mercado, la libertad de hacer negocios con lo que sea sin importar consecuencias sociales es sagrada dentro del sistema capitalista y sus sacro santas leyes, por lo que el ministro ha propuesto (para comenzar el diálogo con las empresas en cuestión) que se puedan publicitar solo desde la 1 a las 5 de la madrugada, y que no se abran más casas cerca de institutos. Es decir, el viaje al pragmatismo va de cerrar la casas para acabar con la plaga a negociar con ellas porque para eso nutren las arcas de los medios de desinformación masiva con publicidad permanente.

Pero entonces qué, ¿se puede o no se puede? Todo indica que, como en otras tantas cosas, el asunto parece atado y bien atado, que dentro del marco impuesto por el sistema se puede poco, por más firmas que se junten en change.org o similares actos baldíos. Dada esa realidad no resultará extraño que la batalla se de en otros cauces ajenos a los deseos del Sr. Ministro.